Fundamentación

Atravesamos un período histórico en nuestro país y América Latina, donde -si comparamos el escenario político y económico del último lustro con el de décadas anteriores-, la gestión del Estado se configura de manera diferente, tanto en Argentina como en el resto del continente.

Sin embargo, a pesar de mirar con cierto agrado los procesos políticos y económicos de nuestra región desde el año 2005 a esta parte y festejar el retorno al debate político por un modelo de países diferentes a los de las décadas de 80’ y 90’, este auspicioso proceso está apenas comenzando, y aún son demasiadas las cosas por modificar, por discutir, por investigar.

Los daños dejados por el modelo neoliberal en Latinoamérica son profundos y permanecen vivos, presentes en nuestra cotidianidad. No escapan a ello por tanto, los mecanismos que pretenden perpetuar las desigualdades sociales y perfeccionar diariamente los instrumentos de control, dispersión, coerción, represión y castigo.

Como hemos sostenido en años anteriores del Seminario, el neoliberalismo necesitó de un proceso que abarcó las tres décadas anteriores para consolidar su proyecto económico y político. En nuestras sociedades, éste se tradujo en los fenómenos de atomización social, individualismo, dispersión, silenciamiento, criminalización y empobrecimiento masivo.

Nuestra cotidianidad fue abordada por un clima constante de tensión/violencia donde convivieron la violencia propiamente dicha –en forma tácita y concreta-, la apatía y el enmudecimiento generalizados, que reconfiguró nuestras relaciones y tradiciones sociales. Violencia y miedo son los elementos que han determinado la crónica de los últimos treinta y cinco años en Argentina.

Desde la Doctrina de Seguridad Nacional que dio origen a las dictaduras cívico militares latinoamericanas, venimos atravesando un proceso donde la desmovilización política, la coerción, y precarización de nuestra población fueron el denominador común. Se desmanteló y desvalorizó el poder de intervención de Estado, y se configuró un escenario de alta fragmentación social.

Ya en nuestra actualidad, la Doctrina de Seguridad Ciudadana -última gran vedette de este proceso- trajo consigo los modelos de baja de edad en la imputabilidad, no excarcelabilidad, acumulación material de penas y pena de muerte extrajudicial; modelos ligados a las políticas públicas y de gestión del Estado en los lugares de encierro, y a una mayor presencia de las Fuerzas de Seguridad, tanto en las calles como en la vida social y política.

En ese marco, las relaciones humanas comenzaron a pensarse en términos de comercialización y el cuerpo transmutó en mercancía de cambio. Sujetos dóciles, reproductores de un discurso de mercado, que agudizan el tácito sistema de premios y castigos que propone nuestro cuadro actual de relaciones sociales y que alimentan y trabajan en una sociedad que criminaliza a la pobreza como responsable de la “inseguridad” e incertidumbre social.

La sociedad de Mercado estigmatiza y criminaliza a las mayorías sensibles, medianteinstituciones que tercerizan las formas y mecanismos de represión. El resultado del proceso es la serialización de la pobreza que se reproduce como mercancía: sectores subalternos o clases empobrecidas, lejos de pertenecer al “ejército de reserva”, pasaron a ser materia prima de la Industria de la pobreza. El daño colateral de esta nueva cara de la barbarie es el sujeto precarizado: un “desaparecido social” que no puede matarse porque su condición de “estar vivo” alcanza para ser funcional a nuestro modo de organización política y producción económica.

En esa desaparición, en ese silenciamiento, mucho tiene que ver la construcción del actual imaginario social a través de los medios masivos de comunicación. Medios masivos que en sus prácticas mayoritarias construyen y sostienen en el tiempo campañas de ley y orden que son las que habilitan las lógicas punitivas y de castigo, dando lugar a lo que el Dr. Eugenio Raúl Zaffaroni denomina “Crimiología mediática”. Al respecto, en su último libro “La palabra de los muertos” (2011), el criminólogo expresa: “En la actualidad la criminología no puede agotarse en lo académico, pues es también fundamental ocuparse de la construcción de la realidad llevada a cabo por los medios masivos de comunicación social, lo que en modo alguno puede ignorarse en este momento, dado que se trata de un discurso mundial con versiones locales, todas condicionantes de reacciones políticas traducidas en leyes y acciones”

Es por todo esto que en el mencionado contexto el rol de los comunicadores sociales resulta crucial como así también su formación criminológica y jurídico penal, todo ello en el marco de un Estado constitucional y social de derecho que reconozca como sus pilares tanto a la Constitución Nacional como a la totalidad del derecho internacional de los Derechos Humanos a ella incorporados.

¿Cuál es el objetivo del seminario?

El seminario propone analizar críticamente los discursos sobre el castigo y el poder punitivo, así como las prácticas que son su directa consecuencia.

A través de la búsqueda y rastreo de discursos históricos sobre el castigo, se propone indagar en los procesos de racionalización y justificación de la necesariedad de castigar y punir como también en la implementación de las prácticas acorde con aquellas justificaciones y racionalizaciones discursivas.

“Criminología, Comunicación y Medios” está orientado a analizar discursos religiosos, político-filosóficos, antropológicos, históricos, médico-psiquiátricos, jurídicos, económicos, sociológicos y criminológicos. Dentro de estos últimos se podrán advertir los discursos de la criminología académica y de la criminología mediática.

De este modo, “Criminología, Comunicación y Medios” está destinado a estudiantes del amplio abanico de disciplinas que intervienen en el fenómeno provocado por el aparato punitivo y la creciente prisionización en masa de los sectores vulnerabilizados. El objetivo central en relación con ellos es aportar a su formación tanto de profesionales de los medios como de investigadores académicos en la materia, avanzando hacia la construcción de un modo de intervención en consonancia con un proyecto ético, político y disciplinar para el campo de las ciencias sociales en general, y de la Comunicación en particular.

Según el propio Zaffaroni, el fenómeno que aquí se propone abordar “tiene un peso político central y debe ser materia urgente de investigación de campo para despejar algo del desconcierto político y contribuir a evitar que se cometan más errores con consecuencias políticas y económicas imprevisibles para toda la población y para el destino de nuestra región”.

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